Introducción...a Rusia
Noches blancas y ...
(Un salieri de Fiodor)
No fue en la Santa Madre Rusia zarista, tan dorada admiradora de su enemiga Francia, copiada sobretodo por las nobles familias y sus engalanadas tertulias, usos y costumbres.
Tampoco ocurrió en la gris república socialista soviética. Tan roja y crucial en la victoria final contra el nazismo (...y luego con los años tan ninguneada su participación fundamental debido al bombardeo cultural de Hollywood que logró instalar que los únicos héroes salvadores de la humanidad fueron los estadounidenses, los mismos que se arrogan la exclusividad del gentilicio "americanos" omitiendo sin querer queriendo la existencia de América Central y Sudamérica)
En esta Rusia que flamea blanca, roja y azul, tan blanca como la nieve blanca, tan roja como la bella plaza roja y tan azul, como el principado azul de Moscovia.
Sucedió todo, al menos lo que se puede contar, en esta Rusia europea y globalizada, nunca mejor dicho aquel verano de 2018.
Aquel fantasma azuzado de que no te dejan salir de Rusia, bueno, confieso que tal tensión la viví en migraciones de Aeropuerto Sheremetievo de Moscú... pero al ingresar ...
Transpiraba culposamente como Raskolnikov corriendo escaleras abajo o peor como la misma arma homicida de Raskolnikov al dejar a la vieja prestamista sin vida en el piso.
Temblaba idiotamente como Príncipe Myschkin o peor como jarrón de Lizaveta ante cercanía de mismo Príncipe.
Si bien funcionario intimidante con cara de poco drug (amigo) cuando me hizo un par de preguntas en inglés que vaya a saber si le comprendí correctamente y en consecuencia, si mis respuestas fueron adecuadas o bien entendidas por el pobre inglés de ambos, finalmente al ver pasaporte argentino relajó la severidad de su rostro y esbozó una mueca sonriente ante mi "only turist", obviamente no me creyó en absoluto mi supuesto desinterés por Mundial, no obstante el funcionario expidió un welcome con acento ruso con una condescendencia altruista como la de Dmitri Karamazov cuando reestablece el orgullo machacado al padre del pequeño Iliusha en su lecho convaleciente.
Superado ese escollo recobró en mí una ganas de vivir de cantar y amar allí, sentí que la suerte estaba de mi lado plenamente como Alevseia Ivanovic en su única buena racha con la ruleta jugando para aquella tía rodeada de buitres caza-herencia
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