Capitulo I
Capitulo 1
Un barrio de tango ...
Por Gus Ange
Del aeropuerto al hotel el transfer fue prácticamente otro vuelo desde afueras de la ciudad montados como en una águila bicefala con un conductor temerario, que apretaba acelerador al mismo tiempo que giraba la cabeza para indicarme historias del barrio Sukharesvky que tenía por destino.
Me llevó hasta el hotel tan raudamente como Lavrenti Sukharev con su regimiento de Streltsí le dijo No a las tropas de Sofía, en defensa de la vida del pequeño Pedro, que luego sería El Grande.
Así como Marechal en su Historia de Avenida Corrientes, nos dice que antiguamente la ciudad de Buenos Aires tenía como Circunvalación la Avenida Callao, Moscú cuenta con tres anillos, aún más circulares, del centro hacia afuera, el primero la muralla de Kitai Gorod que encierra Plaza Roja y Kremlin), el segundo (más bien herradura que se completa merced al río Moscova) se le llama el Anillo de los Boulevares, y a diez cuadras de diámetro, el tercero Anillo de los Jardines, que respecto a la Plaza Roja en distancia sería como nuestra Avenida Honorio Pueyrredón, en éste es donde se ubica el hotel, o sea mi barrio moscovita Sukharevsky, que vaya casualidad con nuestro barrio de Once, su vida giraba hasta principios de siglo pasado en torno de un gran mercado, que hoy ya no existe.
Un variopinto público asistía al mercado Sukhareskaya (sí sí, el mismo donde Pierre Bezujov compra su pistola para asesinar a Napoleón).
La pobre gente que se podía ver y oír
Ciegos con sus melancólicas canciones, institutrices desempleadas, mendigos, ascetas cristianos, desertores, discusiones de política y dinero, amas de llaves, invocaciones y blasfemias, mujeres de pueblos vecinos.
Completaban aquel elenco:
las señoronas de funcionarios,
ladrones, pibes vendiendo cigarrillos y gallinas y su incesante cacareo.
Bullicio, marea humana, gentes de cien mil raleas, casi casi como en las fiestas de la Copa del Mundo.
Ticket ticket, hay gorro, bandera y vincha!!!
Junto al mercado se alzaba la Torre Sukharev, que merece su. propio capítulo
Continuará...
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